El poder de la sonrisa

El poder de la sonrisa. Raquel García Amador

La vida me cambió al tener a mi segunda hija con parálisis cerebral, me invadió el dolor, la angustia y el miedo a un futuro totalmente desconocido.

Ver como un hijo no va a poder llevar una vida normal es uno de los mayores mazazos que puede dar la vida, tardé casi dos años en aceptar que tenía una hija con discapacidad y en ese tiempo pude apreciar que había algo innato en mí, casi siempre llevaba dibujada una sonrisa en mi rostro; a pesar de las circunstancias, esa expresión la seguía manteniendo y empecé a observar  que la sonrisa me acompañaba la mayor parte del tiempo. Curiosamente  había personas que no entendían como podía tener una apariencia de felicidad con lo que me había tocado.

Y sí, encontré la felicidad a pesar de todos los problemas que me surgían a raíz del estado de mi hija, porque encontré valores que habían pasado de largo en mi vida anterior y que me enseñaron a querer mejor, a admirar mejor, en definitiva a ver la vida mejor. Incluso me lancé a desarrollar una nueva profesión que no había sido ni prevista ni soñada; quería ayudar a los demás a ver la parte positiva de la vida a pesar de los duros golpes que pudieran experimentar.

Me puse a estudiar todo lo referente a pensamiento y actitudes positivas y felicidad, siempre desde los parámetros de la objetividad, no desde la ensoñación y falta de realidad y uno de los primeros estudios que cayeron en mis manos fue el poder de la sonrisa.

Sonreír estimula la serotonina, también llamada hormona de la felicidad

La serotonina actúa regulando el humor, es capaz de transmitir información a nuestro cerebro para hacernos sentir todo tipo de emociones relacionadas con la alegría y el bienestar; ¡increíble! la sonrisa me había aportado no caer en una depresión, me había salvado de estar hundida, me había ayudado a ver lo que realmente era importante.

Seguí leyendo el Estudio* sobre la sonrisa y lo que más me llamó la atención fue que si nos encontramos mal y forzamos la sonrisa por un periodo de dos minutos, también elevamos los niveles de serotonina, porque nuestro gesto engaña al cerebro, dándole a entender que estamos contentos y consiguiendo que nuestro organismo genere esta hormona.

Nos encontramos con una acción bidireccional:

  • si sonrío produzco serotonina, consiguiendo un buen estado de ánimo y todo mi organismo se beneficia, ya que se fortalece el sistema inmunitario y nos ayuda a ser más optimistas.
  • si tengo serotonina en mi organismo mi cara irradiará felicidad ya que me encuentro en un estado de bienestar.

Tengo la suerte de llevar incorporada una medicina tan natural y beneficiosa que me hace sentir feliz y orgullosa, y averiguar que cualquier persona puede comenzar a sonreír para cambiar el rumbo de su día a día, me parece maravillosamente revelador. Poder transmitirlo y experimentarlo es todo un privilegio.

Eso sí, cuando alguien tiene una depresión profunda o mantenida en el tiempo, tiene que estar guiado por especialistas que le traten con terapia y posiblemente medicación con la que le estimularán la serotonina que necesite, y siempre podrá forzar la sonrisa para ver aumentados los beneficios.

Yo sigo sonriéndole a la vida: aunque los problemas estén ahí, la sonrisa es una aliada que ayuda a buscar soluciones y si no las hay, te enfoca en lo que realmente merece la pena. Además es contagiosa.

*Lo que sabe la gente feliz. Dr.Dan Baker/Cameron Stauth Editorial URANO

1 comentario

  1. Marta

    Enhorabuena Raquel por este post tan positivo. Doy fe de que siempre llevas puesta esa sonrisa tan beneficiosa de la que hablas y de que eres una madre coraje y una mujer de bandera. Un lujo haberte conocido

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